Inclusión laboral y “negocios impensados”: de la sorpresa a construir confianza

En América Latina hay más de 25 millones de jóvenes sin acceso al trabajo ni a la educación, y el 75% son mujeres. Paralelamente, se calcula que el ecosistema de empresas tecnológicas de la región necesitará 1,2 millones de personas en 2025 para aprovechar su posicionamiento y competitividad para dar servicios a otras regiones. 

El 14 de mayo pasado, el IAE Business School organizó un evento para dar a conocer los resultados de un estudio realizado en 2019 sobre diversas iniciativas que buscan dar respuesta a este problema.

Inclusión laboral - Arbusta

Se trata de un grupo de empresas y organizaciones que innovan al dar oportunidades de inclusión laboral en la industria IT a las personas que el mercado habitualmente no mira. Con propósitos específicos y modos de hacer diferentes, compañías como Arbusta, Hola < code/ >, Laboratoria y {reprograma} se enfocan en dar herramientas a personas en contextos vulnerables para insertarse en el mercado laboral. IAE Business School reunió a las cuatro organizaciones en una conversación abierta titulada “Negocios impensados” para conocer en profundidad los desafíos comunes en este camino. 

El evento fue moderado por Alberto Willi y Pablo Fernández, profesores del IAE y autores del estudio “Innovación social para la Inclusión laboral: Enfrentando desafíos complejos”, de próxima publicación. Realizado durante el 2019, por iniciativa de Arbusta y con el apoyo del BID y Njambre, el trabajo analiza las trayectorias y aportes de estas cuatro organizaciones. Entre sus conclusiones destaca que “mediante una nueva mirada, más rica, más creativa, logran romper estas barreras invisibles, materiales y cognitivas” que separan a algunas personas del mercado laboral, y que es fundamental entender a estas iniciativas como “puentes que permiten la integración”.

“Estamos frente a un fenómeno complejo”, comentó Alberto Willi en el inicio del evento. “Hablar de inclusión laboral sin hablar de brecha de género, o de innovación social, de minorías desatendidas o, como dice Arbusta, ‘talento no mirado’, es imposible”. En su introducción destacó que tan importante como las habilidades duras y blandas que proveen las cuatro organizaciones (el “reskilling”), es fundamental la contención: “Además de formar, amplían la capacidad de actuar de las personas para que puedan desarrollar su potencial. Cuidan ese proceso”. Pablo Fernández reforzó el punto: “El desafío es escalar, porque las barreras siguen estando ahí”, y preguntó, “¿cómo se hace para sostener y seguir creciendo?”.

Juan Umaran, CBO de Arbusta, afirmó que “hay algo que compartimos las cuatro organizaciones y es que causamos cierta sorpresa. Las palabras ‘social’ y ‘negocio’ suenan raras, hay una tensión ahí. Por eso nosotros nos esforzamos mucho en generar un camino de confianza, tanto en los jóvenes para que confíen en que su potencial se puede desplegar, y en los clientes, para que sepan que Arbusta puede resolver problemas relevantes de su agenda”. 

Pero, ¿cómo se puede transmitir esa confianza?, “contamos cuál es nuestra metodología, nuestros casos de éxito, con qué clientes trabajamos, qué reconocimientos tenemos en la industria. De esa manera buscamos que las empresas contraten los servicios de Arbusta, que son provistos por estos jóvenes que antes no eran mirados”.

Mariana Costa Checa, CO-Fundadora y CEO de Laboratoria, contó como desde Perú ella y sus socios conocieron en primera persona las dificultades para armar su propio equipo de desarrolladores, ya que era casi imposible encontrar mujeres en ese sector: “no logramos ni entrevistar a una mujer durante nuestro primer año, porque no había”. Actualmente, Laboratoria forma a 500 mujeres al año en carreras de tecnología y cuenta con más de 2.000 egresadas en 5 países de la región. 

Según la última encuesta de Laboratoria, el 92% de las mujeres que se formaron en la organización no solo habían conseguido trabajo sino que permanecían en el sector, una tasa que en los primeros años de Laboratoria era mucho menor. Uno de los factores fundamentales para esto, contó Mariana, es el diseño pedagógico basado en proyectos y no en clases tradicionales: “las alumnas tienen un reto que resolver y aprenden en el camino. Eso aporta un softskill muy importante que es la capacidad de aprender a aprender.”. 

Mariel Reyes Milk lleva adelante un trabajo similar con {reprograma} en Brasil, como Fundadora y CEO de la organización que secentra en “la minoría de la minoría: mujeres negras y transgénero”. La startup nació en 2015 y se volvió virtual en 2019, poco antes del inicio de la pandemia. “El desafío más grande era cambiar el mindset en la industria”, explicó Mariel, “hacer entender a las empresas, a los CEOs, a los CTOs (la mayoría, hombres), que entiendan la importancia de incluir, no solamente en términos de género sino sociales”. El 20% de las mujeres que pasan por {reprograma} son madres, explicó, y en las mujeres trans, la urgencia es total: “Tienen una expectativa de vida promedio de 35 años y el 90% se prostituyen”.

El cambio de mentalidad no es solo un desafío para la industria sino para las propias mujeres: “Buscamos reprogramar el mindset: que crean en ellas mismas. Son mujeres que nunca tuvieron la oportunidad. Y post curso es impresionante verlas, son la Mujer Maravilla, se empoderan, se consideran una familia y se apoyan en ellas mismas para enfrentar frustraciones, miedos y problemas cotidianos en su nuevo trabajo”. En ese sentido, explicó, “una muy buena práctica fue traer a ex alumnas para contar lo que están haciendo ahora. Como dice el dicho en inglés: ‘you cannot be what you cannot see’ (no puedes ser lo que no puedes ver)”.

Aída Chávez Zapata y Diana Izquierdo, co-CEOs de HolaCode, también destacaron la importancia de “continuar en contacto y fortalecer habilidades blandas para que las personas que asisten a las capacitaciones puedan continuar con su carrera”. HolaCode es un programa de formación full-time “de 0% a full stack developer” enfocado en migrantes repatriados. La compañía busca dar una respuesta de inclusión a las comunidades mexicanas deportadas y también a los migrantes del sur que permanecen en México luego de intentar entrar a EE.UU. “Traen un montón de habilidades, son muy resilientes, y nos enfocamos en canalizar ese talento”, explicó Aída. 

Por su parte, Diana señaló la sustentabilidad del negocio más allá de su impacto social: “Nuestro sistema es payforward, los chicos estudian y trabajan, y pagan para que otros chicos como ellos accedan a esas mismas herramientas. HolaCode es una herramienta. No te puede asegurar que vas a ganar US$ 1500 cuando salgas de aquí. Pero ya tienes las herramientas para hacerlo”.

Si bien Arbusta no es una organización de formación, contrata a personas sin experiencia ni formación previa para brindar servicios a otras empresas. Para eso, las personas que se incorporan a trabajar, aprenden a trabajar, trabajando, ingresando directamente a colaborar con los proyectos. En este sentido, a los desafíos de la incorporación de estos perfiles se suman las dificultades de operar en un mercado tan dinámico y con altísima rotación

Es por esto que Juan Umaran, explicó: “Nosotros trabajamos mucho en identificar ese talento no mirado, que una vez que entra tenemos que asegurarnos de que pueda desplegar ese potencial  en proyectos reales”, explicó Juan Umaran. Y agregó: “Tenemos que hacer un mapeo constante de cómo ese talento va desplegándose y qué capacidades va incorporando. A medida que incorpora capacidades y habilidades nuevas, debe poder encontrar nuevos desafíos dentro de Arbusta. Se trata de igualar su experiencia y evolución con desafíos nuevos”. 

“La agenda de transformación digital”, explicó Juan, “comprende tareas muy complejas y otras no tan complejas. Esta industria necesita de todo ese abanico de seniority. Si hacen el esfuerzo de dividir esas tareas, las empresas verán que las menos complejas se pueden hacer con menos seniority”. Este primer paso es crucial para incorporar una enorme cantidad de personas al mercado laboral. Los desafíos de estos “negocios impensados” son inmensos, pero tienen el tamaño de su oportunidad. Como dijo Juan: “Nuestra empresa podría tener la escala de todo ese talento no mirado: 25 millones de personas. Esa es la escala del impacto”.

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