Por qué la inteligencia emocional en el lugar de trabajo dejó de ser una opción para convertirse en una necesidad

Cuando arrancamos con la estrategia de Inteligencia Emocional en Arbusta, la mayoría de las personas de nuestros equipos que eran invitadas a los talleres pensaban: “Será que me ven mal, que me invitan a esto de las emociones”?. Hoy, luego de tres años de implementar un programa de Inteligencia Emocional en la empresa, ya nadie duda de que se trata de competencia esencial para nuestra evolución como personas, y como profesionales. Dejó de ser un lujo, o una opción. Es una necesidad evolutiva.

Hoy nos damos cuenta que este programa se volvió un recurso aún más esencial para la empresa en el contexto de la pandemia del covid-19, en el cual la vida nos cambió a todos de un día para otro.

Inteligencia Emocional - Arbusta

¿POR QUÉ INTELIGENCIA EMOCIONAL EN ARBUSTA?

La necesidad de contar con una estrategia de IE surgió, como muchas cosas en Arbusta, a partir de la intuición y la escucha de situaciones concretas:

  • Una persona que renunció porque un día se enojó con una compañera, y eso le generó mucha vergüenza,
  • Otra a quien le generaba mucha ansiedad tener una conversación con un cliente,
  • Alguien que estaba viviendo una situación personal triste y no lo compartía en Arbusta porque “no se mezcla lo laboral con lo personal”.

Estas y otras situaciones dejaron en evidencia la necesidad de abordarlas desde un cambio cultural de toda la organización. Cuando empecé a investigar con más profundidad el tema, me di cuenta que esta misma conversación la estaban teniendo las grandes empresas globales. Google, por ejemplo, arrancó hace 13 años un programa que se llama Search Inside Yourself, lo armó uno de sus ingenieros, Chade-Meng Tan, y está enfocado en inteligencia emocional, mindfulness, y neurociencias. Tuvo tanto éxito que, con los años, se convirtió en un instituto de liderazgo independiente que es referente global en esta temática.

En Arbusta nos conectamos con nuestras emociones porque buscamos ser personas cada vez más integradas y expertas en nosotras mismas, en nuestras luces y nuestras sombras. Las emociones nos ponen en contacto con nosotros mismos y con los demás, nos dan información acerca de lo que nos importa y lo que nos afecta, median en nuestros vínculos.

Acompañamos esta estrategia con una explicitación clara de que parte de nuestra cultura implica integrarnos como personas. Por eso, uno de nuestros siete valores es “Somos Plenos”, una invitación al autoconocimiento y una oportunidad para el desarrollo personal evolutivo.

¿Cuáles son esas emociones que necesitamos conocer, para intimar con ellas? Una negociación difícil con un cliente tal vez me de miedo. No llegar a mis objetivos me puede poner ansiosa. Que mi referente no haga mención a lo que estoy mejorando puede ser que me de inseguridad. Que le den el proyecto que yo quería a alguien más, me genera sentimientos encontrados de alegría por la persona, pero de celos porque yo lo quería. No poder contar en mi trabajo que en mi casa estoy viviendo una situación muy pesada me tiene trabada y desconectada.

En Arbusta, nos estamos acostumbrando a que no hay nada de malo en sentir estas emociones. Lo importante es reconocerlas, drenarlas, y actuar. Y hacerlo con un nuevo conocimiento y poder sobre nosotros mismos y en los vínculos con los otros.

La Inteligencia Emocional en el lugar de trabajo tiene que ver con no escondernos detrás de un rol, con animarnos a decir lo que queremos, a hacer de una “conversación difícil” una oportunidad de crecimiento, con tener un especial registro de nuestras relaciones con el otro, con los otros, para conocernos en lo profundo y desde ahí descubrir nuestro poder y caminar cómodos con él. En Arbusta hacemos de esto una cultura, nos invitamos a hackearnos a nosotros mismos, a ser plenos, a descubrir nuestro poder integrando la vida que nos sucede mientras trabajamos todos los días brindando servicios digitales de clase mundial.

Inteligencia Emocional - Arbusta

Somos una empresa que devela talento, y la inteligencia emocional genera liderazgos excepcionales. De las 6 competencias más importantes para top performers -foco en resultados, habilidad para influenciar, pensamiento conceptual, habilidad analítica, iniciativa y tomar desafíos, y confianza en uno/a mismo/a- sólo pensamiento conceptual y la habilidad analítica son competencias intelectuales, el resto son emocionales.

Brindamos servicios en la industria tecnológica. Y la tecnología es cada vez menos una herramienta y cada vez más una experiencia relacional. Si bien las habilidades técnicas son relevantes, van cambiando y aprenderlas es una constante: lo que hoy sabemos puede ser obsoleto en 5 años. Cultivar nuestra inteligencia emocional, en este contexto, se torna esencial.

¿QUÉ APRENDIMOS?

Que las emociones nos hablan de nosotros/as mismos/as, de lo que nos pasa y de lo que nos importa. Que median en nuestros vínculos. Que no hay emociones malas ni emociones buenas. Todas -incluso las que nos incomodan como los celos, el miedo, el enojo, la envidia, y sobre todo las esenciales como el amor, la gratitud, la apreciación- nos traen un regalo y nos invitan a la acción. Que uno de los grandes aprendizajes de nuestra vida es animarnos a intimar con ellas -ni ser tomados por ellas, ni reprimirlas-.

Que los/as centennials latinoamericanos/as tienen una alta carga de inteligencia emocional, que sólo necesita de algunos incentivos para destrabarse y desplegarse. Esto fue un hallazgo particularmente relevante, dado que nos permitió diseñar una estrategia efectiva a partir de “puntos de acupuntura” que no implican una alta carga horaria, en un contexto que es tan desafiante en ese sentido.

Que aunque “lo emocional” pueda parecer relacionado a la vida personal, en el trabajo tenemos un sinnúmero de situaciones en las que se ponen en juego nuestras emociones -miedo a una conversación difícil, ansiedad por no cumplir con las expectativas, vergüenza por cometer un error, dolor por no ser mirada o porque mis esfuerzos no se reconocen, tristeza porque un compañero se cambió de proyecto, no ser agradecida o valorar el trabajo de otros, por mencionar sólo algunas-. Reconocerlas, saber cómo nos afectan y accionar, destraba en forma acelerada nuestro potencial, nuestra capacidad de expandir nuestros vínculos.

Que en un contexto de pandemia y confinamiento, tener instalada una cultura organizacional, y programas específicos vinculados a la inteligencia emocional es lo que nos hace fuertes y ágiles, lo que nos permitió no solamente “sostener” sino crecer un 50% en facturación y equipo de Septiembre 2019 a Septiembre 2020. En la pandemia cerramos nuevos contratos con clientes, ingresaron personas nuevas, tanto como trainees como en roles más gerenciales. Innovando. Colaborando. Reconociendo lo que nos pasa. Atravesando situaciones organizacionales de profundo dolor, y otras de mucha alegría. Incluso -y esto, desafiando mis propias creencias, eso fue genial- en la virtualidad, esa comunidad que nos abraza y nos contiene se hace más fuerte todavía.

Muchísimo de lo que hacemos y de lo que somos en Arbusta tiene que ver con nuestros vínculos y con la calidad de nuestros vínculos con compañeros de trabajo, con clientes, con líderes, con nosotros mismos y nuestro desarrollo de talento y evolución personal.

Este artículo fue originalmente publicado en New Ventures

SOBRE PAULA CARDENAU

Casi veinte años como emprendedora en el campo de la innovación de impacto a nivel global. Lanzó la Iniciativa de Negocios Sociales en Ashoka como Directora de América Latina y Directora Regional para el Cono Sur. Es parte del equipo fundador del Fondo de Inversión Social de Argentina, un programa público del Banco Mundial que estimuló iniciativas comunitarias impulsadas por la demanda en distritos rurales de bajos ingresos.

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